viernes, 26 de octubre de 2007

† Tetraedricismos abscentos de tì. †

En lo intrìnseco de mi lado izquierdo de la cama se siente el vacìo infinito de tu ausencia, se siente lo seco de el sudor que no has dejado por hacer el amor conmigo, se siente el aire que pasa por la ventana directo hacìa mì porque tu cuerpo desnudo no està ahì para ponerse justo en medio. Me ahogo en los espirales de tus pechos ausentes y no toco lo firme de tu vientre, no alcanzo a medir la longitud inmensa de tus piernas y el somier no alcanza a formar tu figura a mi lado.
Me claustro.

Dejo de crear un poco figuritas con la losa del techo y dejo de contar la luz que ya no es la de tus ojos sino el foco o la làmpara en el burò. Me levanto soñando y lo poco que queda de sueño medio dibuja tu silueta en el espejo del tocador, peinàndote desnuda, justo frente a lo que serìa yo, desnudo y miràndote y contagiàndome de esa atmòsfera que creas con tu sola presencia.
Me censuro.

El tramo que camino desde la cama hasta la puerta se me figura la gran muralla china; aquella que soñàbamos recorrer juntos un dìa. Como tambièn soñàbamos en visitar la torre Eiffel y ese gran canal de La mancha. Odiabas cuando mencionaba Venecia, decìas que tanta agua te daba escalofrìos y yo te tomaba en mis brazos y decìa a tu oìdo que siempre estarìa ahì para protegerte y ahora no lo estoy.
Te pienso.

Luego...

... cierro la puerta.

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viernes, 20 de octubre de 2006

† Ecologìa Corporal †

Esta noche cuidarè de tì,
de tus manos que son intermitentes llamas paradòjicas en mi cuerpo,
cuidarè de tus mùslos; fieles al galope de la ocasiòn; constantes y cadentes,
tendrè cuidado de no rasgar tu piel màs ìntima y marchitar el crepùsculario don de tu intimidad,
cuidarè de aquellos brazos que me amarran a tu cuerpo caleidoscòpico y murmurante; sudorosamente acogedor. Tambièn tendrè cuidado de no dañar tu pecho y derribar las montañas que se yerguen hacia el cielo cuando estamos ìntimos. Viajarè por tu mapa y visitarè cada paìs en el que antes era forastero. Cuidarè de tu vientre que es la cuna misma de la vida. Te tratarè como a una emperatrìz; exactamente como a Cleopatra.

Esta noche velarè por tì,
por tus pies; frutos de una tremendìsima comedia callejera en la que la protagonista se llama Marlene. Velarè por el grosor de tu cabello y el filamento en que se convierte cuando deja de oprimirlos el listòn con que los sujetas. Por tus piernas; esas nobles piernas blancas que me hacen prisionero de tu càrcel amazònica y que, de pronto, se vuelven vulnerables nubes blancas que me envuelven suaves y me abrazan. Velarè por tì y por tu corazòn que se acelera con alevosìa sin pensar que el mìo fallece de antemano por la estratòsfera de mi imaginaciòn.

Esta y todas las demàs noches me reciclarè por tì,
por cada beso en el que vuelo por las alturas y soy como aquel gorrión que migra en primavera de Europa a África y al pasar por Francia a la altura de los pirineos es atrapado y lo meten dentro de una caja oscura, para que piense que siempre es de noche y así esté siempre comiendo hasta cebarse y luego lo atiborran de conyac hasta ahogarlo, después lo hornean y lo sirven entero entre pan y pan hasta convertir, por fin, una ave migratoria en un plato típico de la Novel Cousin. Por cada caricia aunque se gasten como se gastaron las mil y una noches y todos esos cuentos inventados y los que faltaron por contar. Por esos ojos que se cierran y se abren a un final alternativo y telepàtico entre tù y yo. Por tu bajovientre que puede doblegar la tiranìa de un imperio, acabar con el hambre en el mundo mediante su maná, ser omnipresente y derribar mis latidos en unos segundos infinitesimales.

Y no solo por las noches tambièn en esos dìas viajeros de tu indesiciòn,
en los dìas amargos y dulces en los que te conviertes en un anagrama indescifrable y yo en un grafòmano inexperto jugando a la experiencia. Haciendo gala de una caligrafìa digna de los altos honores eclesiàsticos, haciendo de tu cuerpo un lienzo, una partitura o talladas en aristas en la xilografía del marmol de una lápida. Y su última frase siempre era su epitafio.

Cuidarè de tì cuando estès y no estès, porque sè que realmente siempre estàs...

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jueves, 2 de febrero de 2006

† Y me invento dìas †

Hay dìas sin cuerpo;
con aliento usurero,
dìas sin sueño y sin tiempo.
Hay dìas sin lluvia
y dìas de invierno;
con el alma frìa y traicionera.

Y tambièn hay dìas azules;
con los ojos llenos de vida.
Dìas sin miedo y sin guerra.
Hay dìas sin hambre
y con primavera eterna;
con los ojos clavados en el horizonte.

Pero no me gustan los dìas,
por el tiempo que paso sin tì,
por la luna que comparto contigo
pero no a tu lado y en tu cuerpo.
No me gusta el invierno sin tu calor,
sin tus manos y sin tu boca en mi piel.
No me gustan los dìas.

Y me invento dìas contigo;
dìas de Enero y dìas de Mayo,
en los que llueve a tu lado
pero no me importa mojarme;
de estrellas y de soles sin cuerpo,
porque me mojo contigo,
me mojo de tì.
Me empapo de tì.

Y esos dìas usureros;
en la playa, bajo el sol,
esos dìas sin guerra;
en la eterna primavera,
son mejores en esos dìas que me invento,
a tu lado y en tu vientre;
recostado.

Son dìas en tu regazo y en tu cabello,
sentado en tus piernas, abrazado a tì
a tu piel morena, a tus ojos de hierba
y bebiendo de tì Isabel, de tus besos.

Ahora quiero no inventarme los dìas;
porque los invento,
porque me joden el pensamiento,
porque no son reales.
Ahora quiero darte un beso
y que sea real.

Inventame esos dìas
sin que suenen a papel,
sin que no sean màs que viento.
Inventame un beso y al final
duerme conmigo.

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lunes, 31 de octubre de 2005

† Dos Versos Y Tu Nombre †

Dulce de canela que se disuelve en mi boca,
como la noche entre las horas; ansiosas por amanecer.
Y un requinto que amanece entre pairos y guitarras desafinadas
a punto de cantar una canción de amor;
beso congelado en un cuarto de madera.
Cuerpo. Trova. Mujer.

Un clavel que se asemeja a unos labios escarlata de mujer canela;
morena como aquel camino de soles que diluyen los ríos y los mares,
un girasol que desprende rayos de espaldas a la luna;
desnudez tropical que enmaraña tulipanes y eucaliptos.
Edénico paisaje.

Y digo tu nombre como secreto a la noche,
pronuncio esas letras sin escribirlas en el aire,
acariciando el eco que resuena en mi cabeza;
tú…tu nombre. Tú.

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