jueves, 12 de octubre de 2006

† Heleonor y yo †

... Si cantas, princesa, que no sea desde lejos...

Y si me miras a los ojos mejor. No es que no me gusten las letras, pero el calor de tu cuerpo desata mis sentidos. ¿Còmo lo haces?

No importa, mientras me sigas provocando como me provocas. Mientras me hagas sentir como cuando las mariposas inundan, todo seguirà aquì, para tì.

Digo, de eso se trata el amor, no?

Yo seguirè tocàndote, aquì, bajo las escaleras con un cigarrilo en la mano y el humo saliendo en espirales hacia la nada. Con la sorpresa de que bajas vestida de fantasìa; llena de ropajes invisibles, càndida y visible ante mis sentidos; bella.

Te absorbo y me vuelvo salvaje y lo salvaje se me pega en los sentidos, me afiero. Pruebo de nuevo con tu piel hùmeda y se me hace un montòn de puntos pulsàtiles. Nos olvidamos de la lingüìstica. El arte del amor es lo primordial.

No olvides, bella, que los àngeles en llamas pertenecen al ocaso y somos viento. Susurramos al oìdo del verdugo que una sombra se hace ausente cuando el sol reverdece en el horizonte. Efìmero y grande señor sol.

Mi bahìa te extraña, mi cuerpo y mi alma tambièn te extrañan, te extrañan mis calles y la muerte que me espera al final de la avenida. Te extraño yo por ser el màs cobarde, el que te necesita, el que te rìe y te llora, te extraña mi hambre.

Es extraño, pero, te extraño.

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miércoles, 26 de octubre de 2005

† Soneto De Noche Sin Luna †



A Lorena Ortíz

Noche sin luna; noche vacía,
contrato de insomnio -tan frío y cargado-,
recuerdos tan vagos de un amor añejado
que clava su roce con tal lejanía.

Noche sin luna; noche quebrada,
ciagos amantes -pasión y alegría-
que amando en instantes, con tal fantasía,
llegaron desnúdos a aquella alborada.

Jugando al amor sin ropa y sin nombres
vistieron sus cuerpos con caricias y besos
y no hubo testigos; ni luna, ni hombres.

Pasaron la noche -aquella noche sin luna-
dos ciegos amantes, que ahora distantes,
recuerdan su amor cada noche...cada noche sin luna.


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viernes, 14 de octubre de 2005

† Elegìa Lunar †

A la Luna que se fuè y no dejò rastro.

Còmo miras al mar,
còmo observas el vasto cielo,
còmo llegas a llorar,
còmo llegas a pedir conzuelo.


Como callo al viento mi derrota,
como corro libre por el aire,
como grito soles y desiertos,
como canto versos por desaire.

No el tuyo ni el de nadie
sino el mismo de la luna infame
que corriò a mis brazos una noche
y luego me dejò desierto de paisajes.

No le ruego que regrese, no,
le suplico que se quede donde estè
porque donde quiera que sea ese lugar,
por màs lejano,
se que ahì encontrò refugio en otra mano.

Y es felìz por lo que cuentan
las estrellas y las noches,
los meses y las horas,
es alegre y se dibuja en su menguante
y aunque aveces extrañe su cabello blanco
-en luna llena-
la toco y la recuerdo en el espejo
que dejò en mi cuarto.

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jueves, 6 de octubre de 2005

† Octubre en mis versos; Hipotecando noches de Luna. †

Te defendì del tiempo
y de la distancia
y del horizonte
y tambièn del mar.


Te defendì de los cuatroscientos
soles de la soledad,
de los seis relojes de milhoras
que pasan lento el arenal.

Te defendì de la conquista
y saquè tus piernas blancas del mar
y del cielo
y de la espalda de un glaciar.

Defendì tu nombre del hipèrbaton,
de los fonemas y la conjugaciòn,
lo defendì de las mayùsculas
y del suplicio de la supresiòn.



Defendì a tu cuerpo de la sorna
y del relente
y de la concreciòn,
lo defendì tambièn de la creaciòn.

Te defendì de las quimeras de la pàtina,
de los proxenetas de la risa,
de los hexàgonos y la misa
y tambièn te defendì de tu sonrisa.

Te defendì de mì mismo
y de mis manos
y de mi cuerpo.

Defendì tu boca de mis besos,
a tu espalda de mis manos
y defendì a tus piernas de mis ojos
y a tus ojos de mis caricias.

Te defendì de finar mis versos
y crucifiquè como impuestos
mis negaciones,
y terminè por aceptar que hay
mil te quieros
en mis dedos y en tus canciones.

Y ahora camino por ahì -aùn sin tì-
hipotecando noches de luna
(como estas de octubre)
para poder edificarme un corazòn.

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