sábado, 2 de enero de 2010

₪ Intimando ₪

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viernes, 1 de junio de 2007

† Imaginariamente imagino; Infinismos †


Pensando en tì me dì cuenta de que te imagino,
y me sobran razones para imaginarte,
porque eres, o màs bien, te imagino;
como una fractura en mi tiempo;
el tiempo parte de tì y el antes no importa.

Ya mencionado que el antes no importa
me enfoco en el despuès; ese breve espacio de tiempo
en el que, simbiòticamente, te has hecho parte de mì;
si toco es con tu mano, si huelo es con tu narìz,
si miro es a travès de tus ojos, me peino tu cabello,
desayuno con tu boca y me acuesto con tu cuerpo.

Es entonces cuando la retòrica y yo nos confundimos,
porque ya no se si me besas o te beso
y no se si me abrazas o te abrazo.
Aùn asi se que tus besos me saben a miel,
y se, mejor aùn, que te quiero.

Y no imagino que te quiero ¡te quiero!
Pero no por imaginarte sino porque puedo tocarte
o, mejor aùn, porque me tocas, porque me besas,
aunque a veces imagino que lo haces
y es entonces cuando vuelo -imaginariamente-
por tu cuerpo -que no es imaginario-.

Y volando -imaginariamente- toco cada parte de tì,
y al llegar a tus ojos te observo; te acecho.
Y en el infinismo de nuestras miradas me congelo,
te encuentro y sè que no te imagino
porque me quieres o, mejor aùn... ¡porque te quiero!


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sábado, 26 de mayo de 2007

† Parteaguas No. 1 †


Siempre que las nubes no consuman el ocaso,
mientras el horizonte paste junto al sol,
yo estarè pensando en no traerte a mi mundo,
en no dejarte escapar del tuyo.

Serè felìz cuando logres perforar la sombra de tu luz
y despegues del aire lo volàtil de tu mente;
como cuando naces para ser libre... y vuelas.

Dejarè de llorar por tì cuando lo haga la luna,
que escurre làgrimas por el ocèano.
Te dejarè de extrañar cuando el cielo se trague sus estrellas
y el universo cada uno de sus cielos.
Cuando los dioses se conviertan en humanos
y lloremos sus desgracias.

Serè felìz cuando lo seas y cuando extrañe extrañarte,
porque al fin te habrè olvidado.

Y olvidarte no podrè hasta que los mares hayan llorado todas sus làgrimas,
hasta que me olvide de olvidarte,
hasta que pueda volar sobre tu cuerpo y deshacerme sobre èl,
para poder desvanecer cada lìnea de tu piel.

Serè felìz cuando te olvide porque te verè de nuevo
y comenzarè a olvidarte/amarte... otra vez.

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viernes, 30 de junio de 2006

† Divagación del...sexo? †

...creo que me perdí señora, dígame donde me encuentro...

Murmuré con voz de niño que era yo,
te dije que me tomaras de la mano
-llévame a donde no hay dolor, lejos de aquí-,
y sólo me mirabas detrás del cristal de tus ojos;
frustrada; como si solo fueras un eco de lo que alguien fué,
sin decir nada, en contra de las nubes.

Algo nos separaba (no sabía qué era), algo muy frío.
-La distancia?- pensé, sin darme cuenta de que estabas a mi lado
y lo único que hice fué respirar, dí un largo y profundo respiro,
pero todo se nubló.
-Mierda!- grité, con miedo en la garganta y un dolor en el pecho.

De pronto el suelo se agigantó frente a mi naríz y lo oscuro me llenó los ojos.
Caí en un charco de nubes rojizas -supuse la primera tarde fría de Julio-
y esperé alguna imagen frente a mí. No había nada, ni tú ni nadie; Nada.

Solo podía jugar en un escenario fantástico que de pronto imaginé;
tú, yo y un puñado de caricias en medio de la nada, con un espejo frente a nosotros.
Me reflejaba y tú tambien, sin más que nuestros cuerpos vestidos de carne y sudor,
te tomaba de las piernas, besaba tus muslos, tu cuerpo ardiendo,
rozaba tus pechos con mi cabello sin peinar y mis dedos exploraban tu espalda
que se contorsionaba de una forma extravagante, eramos uno.

Tus manos galopaban en mi vientre y y tu lengua era una fierecilla sin domar en mi boca
y en mi cuello. Te paseabas a tu antojo por mi cuerpo y el sudor era tu aliado.
Tus ojos ardían, eran como los de un perro enfurecido por la invasión de su territorio,
azules de coraje. Tu cabello destilaba un aroma seductor, como a frutas exóticas,
digno del festín de un rey y yo no lo era. Era más bien un mendigo con suerte.

Y esa tarde nos dejó más solos aún, íntimos, sujetos solo a nuestro propio horario,
diseñando el trazo de los minutos y los segundos pasaba a un tercer plano; sin más,
no había tiempo, era más bien infinito. Cada caricia era como una punzada a lo erótico,
un filamento delgado y largo en el que nos acurrucábamos los dos, sólos.
Sin esperar el mañana, tocándonos hoy, encendidos.

Yo viajaba de tus pies a tu espalda, apretaba tus muslos y mojaba tu piel;
como si de pronto una lluvia se dejara caer desde lo alto de una nube,
se mezclaban los líquidos, eramos humedad infantil y lascivia.

¿Eramos?

Esa era la pregunta y nada la contestaba, ni el crugido de las nubes a nuestro movimiento,
ni tus gemidos lanzados al aire y de repente a mi oído, ni tus uñas en mi espalda,
ni siquiera el "te amo" que sonaba roto y seco en mi garganta, era frío.

¿Era?

Y de pronto ese color escarlata de las nubes desapareció y con él mi fantasía.

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lunes, 12 de diciembre de 2005

† Fugitivos del oceano †

Aroma a nubes de madrugada,
incienso y cigarro en medio de la charla,
mientras caminamos perdidos por el océano,
fugitivos de sus aguas;
de su aguaje.

Perdidos con rumbo entrelazado.
Fugitivos del océano y de sus avenidas,
entre charcos y olas de la esquina
y una lluvia fría desde afuera.
Y dentro, seguimos siendo marionetas;
títeres de nuestro propio teatro del amor,
títeres de la distancia.

Y el tiempo; titiritero del destino,
nos juega limpio con sus horas;
permite que toquemos sus minutos
y quememos nuestros cuerpos;
tu piel blanca y mi canela.

Trepamos por la oscuridad de nuestros cuerpos.
Tu desnudez vació mi pudor
-lo volvió ajeno a mi memoria-
y recorro con mi lengua cada poro de tu piel
y se heriza tu presencia
y el sudor se mezcla.
Emprendemos juntos el escape.

Fugitivos del océano nos perdemos en la noche,
nos armamos de caricias y cargamos más de mil besos.
Entre la cortina y tu mirada se refleja el único testigo;
la luna menguante que se hace cómplice de aquel momento
y lo sabe todo. Pero calla
......ella siempre calla. Y sigue observandonos.

Ahí; fugitivos del océano.

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viernes, 28 de octubre de 2005

† Crucifijo; El Séptimo Pecado De Inés †

No conocí los seis primeros,
pero les contaré del último;
el séptimo y el más grande,
en el que, por amor,
dió su vida y su propio corazón.

Era Inés una mujer
de altas convicciones,
de un preciado y noble corazón,
de una sonrisa embrujante
y arcangélicas facciones,
que vivía en un amplio mundo
lleno de fantasías e ilución.

Raquel, por otra parte; mujer de mundo,
conociendo y derrochando hombres a su paso,
de figura celestial y unos ojos hechiceros;
envolviendo en sus juegos a cualquier mortal.

Fué la brisa, el silencio, el destino, o qué se yo,
pero un día sus caminos -hasta entonces diferentes-
se cruzaron, y bien, si no fué al instante,
las dos mujeres se enamoraron.

Se vieron en diferentes ocasiones sin decirse nada,
curzando palabras y una que otra mirada,
pero ambas reflejaban en sus ojos
la interior pasión que poco a poco se encarnaba.

Un buen día, con ecepcionales circunstancias,
se encontraron solas en la vieja casa verde
y sin tener que confesarse nada,
sus ojos -como siempre- y sus bocas
se hallaron encontradas.

Lentamente y con fuerza se tomaron,
la una a la otra con caricias y besos se desnudaron,
del pecho de Inés colgaba un crucifijo,
y en la espalda de Raquel un lunar infinito,
y en aquella tarde de un otoño agonizante
todo su amor las amantes confesaron.

Es condiendo su amor de los diretes de la gente
se encontraban cada tarde
en aquel refugio verde
y cada tarde como vez primera
enlazaban sus cuerpos
al calor de una vieja chimenea.

Mozalbete traicionero, ambicioso y entrometido,
quien por dinero siguió a Inés hasta su nido
y corriendo y tropezando al pueblo como liebre
fué a contar del inapropiado amorío.

Condenaron por pecado a las amantes en la horca,
pues separarlas por más nunca pudieron
ya que el amor que sintieron
no distinguió su clase ni su sexo
y le dieron fin al amor más grande y correspondido.

Murió Inés en la horca aquella noche,
abrazando el crucifijo colgado en su pecho,
rogando a dios le perdonara
el haber dado su vida y corazón por amor...un amor correspondido.

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