viernes, 14 de diciembre de 2007

† ¿Cafè? Sì... Cafè. †

Como cada tarde antes de la taza de cafè, ella se miraba fijamente en el espejo, unas veces esperando encontrar eso que perdiò cuando creciò y otras tantas esperaba, por lo menos, encontrarse. Siempre sonreìa y cantaba; le daban las diez y las once cantando a Sabina en ese pueblito con mar al que ella llamaba "su espacio". De pronto se dejaba llevar y volaba en su propia habitaciòn de tiempo y soñaba, mucho, pero nunca demasiado y siempre terminaba pidiendo pastillas para no hacerlo; para no soñar.

Esa tarde abriò los ojos y lo encontrò frente a ella...

¿Cafè?
Sì... Cafè.

Y desde aquella tarde monta en sus pies con unas pequeñas sandalias azules.

Y vuelan.

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viernes, 30 de junio de 2006

† Café con paz †

Ya no hay gritos, no hay llanto, ni siquiera ruido
-como ese de las ciudades cansadas y aburridas-,
solo silencio;
un silencio rutilante que me calma;
me duerme.

Cierro los ojos con lasitud espectral
y un mantillo de recuerdos añejos me cubre
-como si el compás marcara un ritmo suave y desdeñoso-
y vuelvo a caer en la nada,
caigo distenso y sáxeo.

Dejo atrás ese dolor en el pecho
y ese aire infinitesimal que entraba en mis pulmones;
aquel soplo de mí que me permitía ser yo.
Ahora no sé quién soy...
...Quién soy.

Ya no hay luz, ni sombras
ni hay un punto fijo al que mirar. No hay horizonte.
El ambiente se me antoja frívolo, insano; Frío.
Y no tengo ganas de mirar ni siquiera de moverme,
solo quiero descansar.
Y sonrío...
...siempre sonrío.

Ya no hay frío ni calor, ni un calambre en la rodilla,
no hay un beso en la frente o una sábana fría.
No hay un cuerpo caliente que me abrace y sonría,
ni una vela botiva en medio de la sala
-que hoy parece más vacía-.

No hay más un día seco;
como los de mayo,
ni lluvia nocturna o flores de primavera.
Ya no hay horas, no hay minutos, ni segundos;
no hay días, no hay tiempo.
Solo silencio.

Y sobre mis hombros una frase que descansa funesta;
"REQUIESCAT IN PACE"

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lunes, 26 de junio de 2006

† Sortilegio †

Hay una voz que llora,
un eco difuso en una habitación vacía y seca.
Es el suicidio de las horas,
la muerte de un instante prematuro,
el adiós de un presente no nacido.

Hay un clavel en una cama fría y húmeda,
marchito por el pólvo y el olvido del tiempo;
un olvido que no llega, que arranca los cesos.
Un instante perdido en inframundo
junto a una muerte coqueta y zarrapastrosa.

Hay perfidia en mi cabeza;
pensamientos secundarios y pragmáticos.
Un dolor hilarante en la espina dorsal
que resbala añejo entre las horas,
entre los días de un país interior;
un país sin maravillas;
sin Alicia.

Detrás de la ventana me mira un sortilegio;
desnúdo y mojado.
Me hace una mueca desaliñada y vacía.
Pretendo ponerme en pie y arrancarle la sonrisa,
pero los talones se me desmoronan,
caigo al suelo y suena un golpe frío y seco...
...y sangro.

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martes, 7 de marzo de 2006

† El Libro Azul †

Puedo sentir, cuando pasa el viento
cómo juega con el silencio
y cómo el dolor se pega en el pólvo
mientras cae en los ojos,
en los recuerdos...
...y en el futuro.

Puedo sentir, cuando sale el sol
cómo quema la piel -y la suda-
y cómo sombrea el tronco de un árbol caído
y a las calles y a unas cuantas miradas huérfanas.

Puedo seguir sintiendo el invierno
y ver cómo crece la primavera,
puedo seguir caminando sin rumbo
y ver cómo el camino se agota.

Cuando hay una bóveda azul
de donde cuelga un puñado de estrellas
y mientras siga corriendo no puedo contarlas,
necesito detenerme, mirar fijamente
y encontrar el segundo en que soy eterno...
...conteniendo el aliento.

Y hoy, aún, no amanece. Y sigue lloviendo
y puedo sentir cómo grita mi pecho,
cómo estoy atrincherado y sigo corriendo,
sin poder parar el tiempo y fundir mi cuerpo,
sin poder mirar fijamente el cielo...
...y dejar salir mi último aliento.

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